GENERACIÓN ESTRELLA
FINALISTAS 2025
RELATO GANADOR 2025
UN 12 DE AGOSTO
Alejandro Oliva Bernal
El último en acostarse es el encargado de apagar la luz que ilumina la parte delantera de la casa de la playa y entonces todo se queda a oscuras. Si no lo haces tú, lo hará el papá o uno de nosotros, depende del día. Un minuto antes, esa misma persona apaga las luces del porche trasero, después de cerrar todo, bajar la persiana grande, meter las sillas de la terraza y comprobar que todo está en su sitio, o al menos lo importante. También apaga la tele, que ha estado encendida todo el rato, con alguna película de fondo, o tal vez el capítulo de una serie que nadie ha terminado de ver. Antes, el papá aprovecha que están todos sus nietos para poner los vídeos con escenas familiares que ha ido grabando en todos sus años de abuelo, qué pequeños eran y cómo han crecido, mientras en la terraza nosotros tomamos un chupito de whisky contigo, o algún licor o un tequila bueno. No corre apenas el aire, hay luna llena, o casi, y hablamos de aquellos veranos en los que refrescaba y de qué comeremos mañana y de cuántos días quedan para que termine el verano y de algunas otras cosas sin importancia. Hay quien acaba de terminar de cenar, hay platos vacíos en la mesa de la terraza y una botella de vino; son cenas desordenadas sin el protocolo de la comida, cada uno a su ritmo, que si alguien quiere huevos, que si corto más jamón y lomo y salchicha buena que he traído de Murcia, que si hay sobrasada y puedo partir más tomate o hacemos una ensalada de lechuga con todo, que algo verde hay que comer. Y alguien quiere más cerveza. Y antes en la tele hay fútbol, un partido de pretemporada o tal vez la Supercopa, fútbol de verano, y alguien grita gol, quién ha marcado, da un poco igual, no juega el Murcia, el papá ya está cenando con el partido. Y antes las primeras cervezas, al filo de las ocho, con frutos secos, tal vez media empanadilla que sobró del mediodía, y el pelo mojado y el cuerpo fresco por fin, y tráele un quinto también a tu hermano, que va a empezar el fútbol. Y antes tú has regado todo el jardín, como haces siempre desde hace más de 30 años, a esa hora en la que el sol empieza a caer, la misma estampa año tras año, mientras tus nietos se secan y revolotean a tu lado y os reís, y salen de la piscina y juegan a la pelota y te mojan, y se quitan los bañadores y nos duchamos al atardecer en ese dulce caos. Y hay quien ha llegado de la piscina grande y hay quien se ha bañado aquí en la pequeña; las tardes son eternas y a la vez pasan en un momento, una y otra y otra, como los veranos, que un día fueron eternos y terminan siendo un instante. Y alguien pregunta quién quiere helados, hay de vainilla y de turrón y también de pistacho, y esos minicornettos que tanto te gustan, y café con hielo, que la siesta ha sido larga, cada uno en su sitio, ese ritual, el papá y tú en las habitaciones de dentro, nosotros siesta corta donde sea, los críos viendo la tele en el sofá, ríen, pero hablan en voz baja, que el abuelo está durmiendo. Y antes comemos, no muy tarde para ser verano, una mesa grande y colorida, gazpacho de la abuela, una tortilla de patatas, carne empanada y croquetas, y al final he abierto un vino, y bebemos cerveza, quintos, botes, un litro, más las del aperitivo al salir de la piscina, con empanadillas, las de pisto de siempre y las de patata del Pilar, y una lata de berberechos y otra de navajas. Y entonces pienso que el tiempo quizá convierta este 12 de agosto en algo más, que algún día este 12 de agosto será aquel verano. Aquellos veranos. Y por la mañana jugamos al tenis, sólo un set, que hace calor ya a esta hora, y los críos se bañan en la piscina grande, se tiran, ríen y discuten, y juegan y corren. Y antes leen en el sofá, los tres, en un silencio casi milagroso, después de jugar un buen rato con la tablet y algún móvil, pero los tres juntos, alegres, y se pelean un poco y juegan sin parar, los primos. Y antes han desayunado a su ritmo, al despertar, legañosos, la cocina muy revuelta, y el abuelo ha traído churros pero todavía queda bollería del día anterior, y huele a café y a churros y a un nuevo día de verano. Y yo me he despertado algo más temprano, no sé si salir a correr, y el papá ha salido a andar y tú fumas un cigarrillo después del café con leche, en el porche de delante, haciendo un crucigrama o tal vez un sudoku, y me siento contigo un rato. Y anoche la cría lloraba, te digo, y te pregunto qué le pasaba. Y me dices que no era nada, sólo está en esa época en la que piensa en la muerte y se asusta y llora. Y le dices que no es nada, que se duerma, le dices que no es nada, que eso no es nada y la abrazas, y se lo dices justo en ese momento en el que el último en acostarse apaga la luz que ilumina la parte delantera de la casa de la playa y todo se queda a oscuras.